Esperando mi bus..
Hoy me ha tocado esperar al bus. Hacía tiempo que no cogía uno y me ha sido fácil recordar por qué. Supongo que no es igual en todas las ciudades (lo sé) pero aquí todas las líneas son concéntricas así que vayas a donde vayas tienes siempre que pasar por el centro y no existen los billetes multiviajes, no, aquí billete por bus. Por otro lado creo que de todas las líneas la que llega a mi casa es la que tiene menor frecuencia y además el peor cacharro porque todos los demás vehículos están modernizados con formas aerodinámicas y materiales brillantes.
En fin, me he propuesto enfocar la espera desde un punto de vista positivo: me he sentado en un banco y me he puesto a observar. Me encanta ver a la gente paseando, y digo bien paseando, no andando. Porque muchos andan, andan de camino al colegio, de camino al trabajo, de camino al gimnasio o al restaurante, y andan deprisa, tensos, con sus mochilas, maletas o bolsos apretados contra el cuerpo, encogidos en si mismos. Llevan las miradas perdidas y normalmente cabizbajos, solo ven sus zapatos.
Hay pocas personas que pasean. Van tranquilas y sosegadas, a un paso rítmico pero no acelerado, deleitándose con el paisaje, el ruido o las personas que pasan a su lado, van matando el tiempo. Pero no porque les sobre sino porque disfrutan de esa actividad: observar. Y es tan inusual que dediquemos tiempo a observar el mundo que nos rodea hoy en día que yo misma, en mi papel de observadora, me sentía ridícula, como exterior al cuadro de la ciudad. Un ejemplo muy claro es que si nos dignásemos de repente a mirar hacia arriba, hacia los techos de los edificios todo nos parecería distinto, como si no hubiésemos pisado esos lugares a diario. Les recomiendo que si en algún momento no saben que hacer, salgan y miren, no vean, sino fijen sus ojos en cada detalle de su entorno y desde este punto de vista la vida les parecerá más completa y mas amena. Útil a aquellos que se ven sumidos en la rutina del día a día y siguiendo siempre el mismo rumbo han olvidado la meta.

3 comentarios:
nos hemos acostumbrado a caminar con la cabeza gacha, podemos descibir con exactitud las baldosas del suelo pero en cambio quien puede hablar de los arboles que crecen sobre nuestras cabezas..???
solo unos pocos nos detemos a observar las nubes entre los tejados...solo unos pocos
qué poetica me he puesto...
Lo que dices es cierto, estamos tan sumidos en la rutina que no detallamos en lo que sucede a nuestros alrededor, yo lo hago de vez en cuando, y casi siempre noto caos, afan, irritación; y al igual que tu, cuando realizo este ejercicio me siento como un extraño, como si no fuera ese mi lugar en ese momento.
Quisiera además hacerte una pregunta: Alguna vez has observado tus pies mientras caminas?
Es dificil despegarse de las babas de la psique, esas que te arrastran a pensar casi un 90% igual que el día anterior y no poder contemplar en su máximo explendor lo innombrable. A veces lo que nos despega es el sufrimiento, cada vez te das cuenta sintiendo tu motor en funcionamiento, funcionamiento acelerado, pero la psique, al contrario a todas las maquinas del universo, trabaja mejor sumido en una armoniosa relajación, trabaja mejor en una contemplación y sin embargo se da cuenta tambien mejor del error...
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