domingo, 14 de enero de 2007

Visita médica

Ayer noche tenia la mano como un globo. Hace varios días empezó a hincharse pero ayer alcanzó un punto de amoratamiento y congelación que mi madre, preocupada, decide llevarme a urgencias. Vamos al centro de salud más cercano: parece estar cerrado, no hay iluminación. Andando llegamos a la puerta trasera donde nos hace entrar un celador de hablar trabado y aspecto somnoliento. Nos hace esperar hasta que nos atiende el “médico”. Hombre de bata blanca (a pelo, y nunca mejor dicho porque por el cuello de pico de la vestimenta sólo asomaban pelos), sin placa de identificación y sentado tras una mesa y un ordenador. Parece inquieto puesto que no para de mover la pierna lo que hace que tiemble de manera “a-flanada” todo su cuerpo (desagradable). El sabio especialista me pregunta que qué me pasa de una manera casi amenazante: ¿quién soy yo para irrumpir en sus horas de guardia?. Le digo y enseño los síntomas, él, los repite. Me dice que la culpa la tengo yo por echarme una pomada para los sabañones y me termina diciendo que me siga echando la crema porque son sabañones (creo que conoce el término gracias a mí) y que además meta la mano en agua caliente ya que la tengo fría. Cosa que no comprobó porque no apartó la vista de la pantalla del computer. Se calla y mi madre y yo nos quedamos sentadas esperando (no sé el qué) hasta que se nos ocurre preguntar ¿eso es todo? A lo que él contesta: “no sé porque no se han ido ya.”
La anécdota termina con que insatisfechas fuimos a otro centro en el que me diagnosticaron artritis.
Por cierto, mi globo sigue sin ser mano.

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